Hablemos, escritoras.

Una ficción des-fundacional. Las aventuras de la China Iron por Gabriela Cabezón Cámara.

Episodio 168 Reseñas

10/26/2020 | Hablemos escritoras · Francesca Dennstedt

Y supe de la volubilidad de mi corazón y de la cantidad de apetitos que podía tener mi cuerpo"

Hoy los invitamos a escuchar una reseña sobre el libro Las aventuras de la China Iron por la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara, publicado por Random House en 2017 y traducido al inglés por Fiona Mackintosh y Iona Macintyre en Charco Press en 2020. Fue parte de la lista del International Booker Prize 2020 y considerado por el New York Times y El País como uno de los mejores libros de ficción iberoamericana. La historia cuenta un viaje de exploración en la pampa Argentina a finales del siglo XIX por dos mujeres: la China Iron —la joven esposa de Martin Fierro— y Liz, una escocesa que busca a su marido. La jornada, a manera de un bildungsroman queer, da voz a los personajes femeninos y re-imagina una nación lejos de la llamada civilización, en el gozo de la libertad y la experimentación de otro lenguaje, las maneras y formas de lo cotidiano, la comida, y el deseo. La reseña es a cargo de Francesca Dennstedt, PhD.  profesora e investigadora en literatura latinoamericana en Southern Illinois University-Carbondale.


Las naciones latinoamericanas se construyeron a partir de historias e imaginarios culturales binarios: civilización y barbarie, mujer y hombre, criollo e indígena, letrado y no. Binarios difundidos en novelas románticas que ayudaron a consolidar los Estados nacionales. La investigadora Doris Sommer las llama ficciones fundacionales, es decir, ficciones-instrumentos para crear buenos ciudadanos bajo las leyes de un gobierno regulador. Ejemplos de estas visiones románticas son obras como María (1867) de Jorge Isaacs en Colombia, Doña Bárbara (1929) de Rómulo Galleos en Venezuela, o Iracema (1810) de José de Alencar en Brasil. Pero ¿qué pasaría si estas ficciones fueran narradas por sus personajes periféricos? ¿Si Iracema, por ejemplo, contara sus aventuras en guaraní? ¿O si María se decidiera por lo que hoy llamamos poliamor? En Las aventuras de la China Iron (Random House, 2017), Gabriela Cabezón Cámara (Buenos Aires, 1968), aventura una respuesta: habría armonía entre este mundo de opuestos y entonces, quizá, una especie de paraíso sería posible, donde la gente pudiera disfrutar de su entorno y el trabajo solo sería el indispensable para sostener este lugar. 

Desde la publicación de su primera novela La Virgen Cabeza (Eterna cadencia, 2009), Gabriela Cabezón Cámara se ha convertido en una las escritoras más reconocidas dentro y fuera de Argentina, echo que llevó a que Las aventuras de la China Iron estuviera entre los posibles finalistas a ganar el Internacional Booker Prize en este año. Y es que está escritora le gusta contar historias que den una vuelta de tuerca a lo que se asume como "normal" en un imaginario hegemónico. Si en La Virgen Cabeza, Cabezón Cámara utiliza el lenguaje cumbiachero para narrar la historia de la hermana Cleopatra, una travesti líder de un barrio marginal, en La aventuras de la China Iron la escritora toma la historia de la literatura argentina —que a su vez es la historia de Latinoamérica— y la retuerce hasta darle otro sentido. El libro problematiza con ironía uno de los mitos fundacionales más importantes en la historia no solo argentina, sino latinoamericana, la del gaucho Martín Fierro, recogida en un poema épico de más de 2,300 versos escrito en 1872 por José Hernández, texto que delinea y delimita territorio, idioma, historia, estereotipos y nación de la patria gaucha. 

Las aventuras de China Iron está dividido en tres territorios —el desierto, el fortín, y tierra de nadie—que en el imaginario argentino podrían representar lo hostil y al mismo tiempo la promesa de civilización de la nación. En este libro se narra el viaje de la China Iron, la que fuera esposa de Martín Fierro a los doce años después de que él la ganara en una partida de juego, cuando se queda sola cuando a él se lo lleva la tropa. Este viaje lo hace con Liz, una escocesa que busca a su marido y persigue el sueño de poner una estancia. La primera parte del libro es una especie de Bildungsroman donde la China Iron se enfrenta a un nuevo conocimiento que ávidamente acoge, aprendiendo nuevas maneras de vivir y relacionarse, que van desde instruirse en un nuevo idioma hasta lo cotidiano, como tomar whiskey o usar facón. La maleabilidad del género es una parte importante de este proceso educativo: la China Iron aprende ha adoptar la vestidura masculina, explora el deseo entre mujeres e indaga en la autoexploración del cuerpo femenino como fuente de placer. 

El viaje no lo hacen solas. Junto con ellas viaja un perro de nombre Estreya con quien la China tiene un fuerte vínculo afectivo. Más tarde se suma Rosas, un gaucho que tiene un método para domar animales: hablarles bonito y tratarlos con respeto. La peculiar familia que conforman rompe los estereotipos y las exigencias del proyecto modernizador y fundacional que el estado hegemónico impone. Así como sucede en el libro El matadero (1871) de Esteban Echeverría, la China traspasa el umbral de la inocencia en la frontera divisoria entre civilización y barbarie, para aprender y entender sobre crueldad, colonización y abuso a minorías y grupos marginados por aquellos que se asumen como letrados y cultos. Por ejemplo, en el fortín se encuentran con el estanciero, José Hernández, un hombre que está constantemente alcoholizado pero se presenta a sí mismo como culto, moral y disciplinado, cuando en realidad no es nada más que un capataz cruel, que vive del trabajo de los otros, sin mucho talento más que levantar la caña. Para huir de esta crueldad, Rosas, Liz, y la China huyen de la violencia, abandonando los lujos de la estancia, para seguir su camino a Tierra de nadie. Tierra de nadie es un lugar donde viven los indígenas y que representa una especie de utopía para la peculiar familia granjera, lugar que, al final de la novela, se presentará al lector como una especie de paraíso donde hombres, mujeres y almas dobles viven en armonía con la naturaleza. 

De este libro muchas cosas son relevantes, pero en este momento y para esta reseña me gustaría llamar la atención a dos aspectos que en Las aventuras de la China Iron van acorde con el ritmo del viaje: las transformaciones en el lenguaje y el tema del género y la sexualidad. En el primer caso, la fascinación de la China con el inglés y con los nuevos significados que aprende dentro de su mismo idioma, el español. En el fortín, la importancia de la lengua pasa a segundo plano e importa más lo que está pasando. En Tierra de nadie, en cambio, la prosa se inunda con nombres de plantas y animales nativos. El español e inglés se mezclan con palabras en lenguas indígenas. No hay una decolonización del lenguaje sino la posibilidad de imaginarnos qué hubiera sido de Argentina si la colonialidad no se hubiera instaurado. Con el género y la sexualidad pasa algo similar. En Tierra de Nadie, identidades y placeres no han sido extirpados en nombre del progreso. Almas dobles, familias donde todos caben y orgías espontáneas sin juicios moralizantes. El viaje de la China Iron es la reescritura de la literatura  argentina y la relación con la letra, de la importancia de la sexualidad y el género, y su relación con el capital, la tierra y el trabajo.

Finalmente, hay que reconocer que para desquebrajar o bien cuirizar el canon hay que conocerlo. Cabezón Cámara no sólo juega a desestructurar la historia cultural de Argentina, sino que hace guiños sutiles a otras ficciones, homenajes pequeños a aquellos textos que, por un momento, retaron lo establecido sin atreverse a cambiar el rumbo. La perrita Estreya es la baleia en Vidas Secas (1938) del brasileño Graciliano Ramos y la China Iron indudablemente recuerda a Diadorim, compañero de Riobaldo en Grande Sertão: Veredas (1956) de João Guimarães Rosa. Pero Cabezón Cámara se atreve y propone un nuevo camino para el imaginario cultural de la nación: una ficción des-fundacional, muy queer. 

Francesca Dennstedt, PhD. (Tijuana, 1988) trabaja como profesora e investigadora en literatura latinoamericana en Southern Illinois University-Carbondale. Tiene un doctorado en estudios hispánicos con una especialidad en estudios de la mujer, género y sexualidad. Su investigación se centra en el estudio de la producción cultural queer de mujeres en México.  Le interesa la construcción del canon, las teorías de los afectos y el feminismo latinoamericano, la literatura brasileña.