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Hablemos, escritoras.

Escribir para recuperar la voz. Tres semillas de Granada. Ensayos desde el inframundo por Rose Mary Salum.

Episodio 159 Reseñas

09/28/2020 | Hablemos escritoras · Adriana Pacheco

Hablo y escribo español dentro de un país en el que la presencia de este idioma se expande en directa proporción a como se le discrimina"

El último libro de la escritora y editora mexicana Rose Mary Salum (25 ene 1964), Tres semillas de Granada. Ensayos desde el inframundo (Vaso Roto, 2020), nos muestra su gran talento para abordar dos temas de gran sensibilidad en nuestros días: los retos y las preguntas a los que se enfrentan lo migrantes hispanohablantes, y la relación entre México y los Estados Unidos. Es también un tributo y reconocimiento a uno de los proyectos más ambiciosos para la difusión de las letras y la obra de escritores en español, Literal, conformada por: una revista, una casa editorial, un festival de cine, y un centro cultural. Hoy presentamos esta reseña del libro y los invitamos a escucharla y leerla, así como a visitar la página de la revista que el libro menciona para saber más de este proyecto.


El filósofo coreano Byung-Chul Han dice que “la extranjería se manifiesta como estupefacción y falta de lenguaje […] cada uno preso en una celda que queda separada de los demás por una reja lingüística”. Las palabras de este conocido filósofo resuenan con las de la escritora y editora Rose Mary Salum en su nuevo libro Tres semillas de granada (Vaso Roto, 2020), en donde para ella sentirse extranjero comienza con el “apalmezamiento” de las palabras y su rebelión en su contra. Porque si algo sucede en la escritura desde la diáspora, desde el exilio es la constante presencia de dos preguntas ¿Quiénes somos en realidad? y ¿Dónde está nuestra voz?

Nacida en la Ciudad de México el 25 de enero de 1964, ha ganado el premio Author of the Year del Hispanic Book Festival, así como el International Latino Book Award, y un reconocimiento por el Congreso de Estados Unidos, entre otros. Es colaboradora de la Academia Norteamericana de la Lengua y fundadora del proyecto Literal, que se conforma de una revista, una casa editorial, un festival de cine, y un centro cultural. Editó y coordinó en 2010 el proyecto  Almalafa y Caligrafia, Literatura de origen árabe en América Latina para la revista Hostos Review. La voz de Salum ya nos ha cautivado con su ensayística y sus cuentos en un continuo diálogo con la memoria, los orígenes, y el exilio, en sus libros como Entre los espacios (Tierra Firme, 2002), Delta de las arenas, cuentos árabes, cuentos judíos (International Latino Book Award; Vigía, 2015, Literal Publishing, 2013), El agua que mece el silencio (Vaso roto, 2015), Una de ellas (Dislocados, 2020). Ahora con su última publicación Tres semillas de granada recupera 8 ensayos previamente publicados en revistas como: Iowa Literaria, Istor del Cide, Luvina y Cuadrivio, Hostos Review y Literal, así como en el libro coordinado por Gisela Heffes, Poéticas de los dislocamientos para recordarnos que ha dedicado una vida a ser puente y bisagra entre sus raíces, sus países de residencia y su gente.

En una mirada rápida al libro podría decirse que los temas que atraviesan la obra van desde el sentido de la pérdida, la nostalgia, hasta el daño de las nuevas tecnologías a la lectura y la situación actual de los Estados Unidos. Se trata también de un manifiesto y un homenaje a todos aquellos que siguen persistentemente escribiendo en español fuera de sus países de origen. Es también un reconocimiento a la fundación de la revista literaria y cultural, Literal, que es producto de una imperiosa necesidad de recuperar la voz perdida, de “transcender prejuicios y miedos propios”, reconciliar dos mundos, y “los conceptos opuestos derivados de toda cultura guiada por la razón”. Literal es, como ella dice, la prueba de que los “escritores latinoamericanos viviendo en Estados Unidos, somos legión”. 

En el primer ensayo, “Filminas”—título que hace referencia al sistema que requería de la luz para mostrar su contenido, que se ampliaba en el instante mismo de la iluminación—, nos ubica en un momento trágico, determinante, que ocurre en una fecha vital en la efeméride mexicana el 2 de octubre, por ser el aniversario de la matanza de estudiantes que ocurrió en 1968. En Salum es el mismo día, pero 30 años después, cuando la violencia —el secuestro de un familiar—, la obliga a huir, junto con su familia a los Estados Unidos. El suceso, la huida forzada, sin preparación, sin previo aviso, de súbito, empacar las cosas, y dejar atrás al país que se ama pero que a la vez se teme, conforma una de las marcas características de los tiempos contemporáneos: la migración. “Migrar es el gran verbo de nuestros tiempos”, dice Cristina Rivera Garza. La migración desterritorializa y en la búsqueda del territorio la letra impresa apela a la memoria como reconstrucción de uno mismo frente al miedo hacia lo nuevo, hacia lo desconocido. Es esta estética de la memoria la que en este libro nos permite ver los vínculos que unen el origen remoto, Líbano; el pasado, la Ciudad de México o Tampico; y el presente, los Estados Unidos. Las bisagras que unen cada uno de estos orígenes se mueven entre la pérdida de la identidad, del idioma, y del soporte familiar.  

A Salum le preocupan sus hijos en un país nuevo, en donde “no son los hijos de, los primos de, los nietos de nadie” (14). Le preocupa cómo los exilios hacen mengua en el desarraigo, porque cuando se es migrante se deja de ser parte de algo o de todo. Le preocupan sus nietos en la urgencia de que no pierdan sus raíces para saber de dónde vienen, que sepan que llevan “sangre libanesa, inglesa y mexicana” (27). Le preocupa criar a una familia en el seno de una modernidad donde la individualidad contradictoria nos hace por un lado seres solitarios, y por el otro, parte de una colectividad forzada de la que no podemos escapar. Es para Salum que “la necesidad de captar la atención de los otros a costa de la privacidad, de la intimidad más básica” (23), la que trastoca los códigos sociales y la manera cómo la gente interactúa, en una constante búsqueda de que la realidad se acomode a las visiones propias de cada uno “como lo hacen los algoritmos de las redes sociales y el excelente trabajo con el que el internet ajusta la vida a la ideología y las expectativas de cada persona” (23). La marca de la migración queda grabada generación tras generación. 

En “Lengua bífida” Salum hace un llamado a poner la mirada en el habla y dice “Desde hace algunos meses he tomado conciencia de que ahora soy consciente de que hablo y escribo español dentro de un país en el que la presencia de este idioma se expande en directa proporción a como se le discrimina” (33). Esta reflexión adquiere gran peso en los tiempos actuales en donde la retórica trumpista se regocija en llamar a los mexicanos violadores, asesino, e invasores, en donde hablar español en las calles puede despertar temor. 

Larga ha sido la historia del dilema de los dos idiomas principales de los Estados Unidos. En la década de los 1920s líderes como César Chávez lucharon por los derechos civiles de los inmigrantes de origen mexicano, pero el tema del idioma se queda sin resolver. Es hasta la década de los 1980s que se dan algunas reformas para permitir a los hijos de estos migrantes aprender español en las escuelas, pero los padres continúan prohibiéndoles que hablen el idioma familiar por miedo a la discriminación. Hoy las leyes han cambiado, aunque tal vez no las prácticas, donde ya no se trata de una legislación sino de usos y costumbres que hacen que el español no tenga aún el lugar que debe tener. Escribir en español es una lucha constante por ganar espacios para hacerse visible, para “desafiar al statu quo”, por que como Salum lo dice hacerlo “Es crear una legión de palabras como resguardo. Es pelear lo propio. Es imponerse a pesar de. Es mostrar lo evidente. Es defender la libertad. Es un acto de rebeldía. Es develar la realidad. Es optar por las similitudes y no las diferencias. Es derrumbar el muro”(35). Sí, ser migrante requiere pensar los códigos sociales, pero no perdernos en ellos, sino que, como ella nos invita seamos los hispanohablantes los que cambiemos el destino de nuestra lengua y la “posibilidad de mover y remover el tejido social para construir los escenarios que dominarán en el futuro” (35). 

El ensayo “Tres semillas de granada” aparece por primera vez en el libro coordinado por Gisela Heffes Poéticas de los dislocamientos, un texto que nos acerca a la perspectiva del escritor sujeto y a la manera cómo este articula el desplazamiento y la dislocación. Salum se extiende acá en la condición binaria del migrante cuya esencia se construye a partir de lo dicotómico, donde la memoria, construida a base de recuerdos de una condición pretérita que se amplifica para dislocarse entre el presente/pasado, lo comprensible/incomprensible, lo ajeno/conocido, lo familiar/extranjero, lo fijo/cambiante (46). De ahí la urgencia de cavar más profundo para anclar raíces en una “recién adquirida geografía”, y en la búsqueda encontrar que el exilio es parte de la esencia misma de la familia y que queda tan claro como no poder encasillar la raza en los “formularios oficiales que la vida diaria requiere” (43). Y así, es como tal vez le sucede a los “175 millones de personas que viven fuera de sus países de origen”. Somos un mundo de migrantes que luchan continuamente por hacerse de un mundo. 

En el ensayo “Solo un mundo”, Salum nos lleva de regreso a México en donde una vez más el exilio y la huida se hacen presentes. La violencia en Tamaulipas, la lucha entre carteles, y la falta de garantías son las que hacen que su hermana salga del país. Es conmovedor el tono que la narración toma en esta parte del libro en donde la memoria dislocada trastorna y confunde la visión recordada. Cita acá a una de las críticas más importantes en el tema de migración, Sylvia Molloy, quien nos habla de la permanencia del recuerdo y de la imagen que perdura a pesar de las renovaciones y modificaciones que haya tenido lo recordado a lo largo del tiempo. La poeta Malva Flores también la acompaña en esta reflexión para en su poesía regresarnos a la plaza, al sol, la llama, y las imágenes desdobladas que siempre plagan la memoria de los migrantes. 

En “Creatividad y tecnología” da un viraje para hablar del gran impacto que los artefactos de la modernidad han tenido en nuestras vidas afectando nuestras maneras de leer, nuestra concentración, y la oportunidad de ser buenos lectores. Es también una crítica a una élite y soberbia literaria que busca en la obscuridad de las palabras distanciarse del sentido mismo de la escritura. La capacidad creadora, el gran tema del que escribe se alterna y cambia en el exilio, pero también en la modernidad implacable que nos ata a aparatos que depredan. 

“Reflexiones sobre populismo y nacionalismo” es un ensayo necesario en estos días, en donde ha quedado claro que los discursos políticos promueven la ruptura y hacen a un lado la razón, y en donde como dice Salum “los intelectuales se han ocupado de temas que no tienen que ver con cuestiones sociales o económicas, abandonando un aspecto indispensable para la democracia”(86). Sí así es “se ha producido una ruptura entre el gobierno y el bienestar social” (86). Las crisis económicas han marginalizado más a los marginados y han demostrado que los migrantes, por estar siempre en zona gris, son los depositarios de discursos violentos y de agresión. Los políticos pierden de manera continua el foco en lo importante y la media se encarga de desinformar. Son los especialistas como Richard Rorty quienes tratan de explicarnos al mundo, pero como cierra Salum su ensayo, no ha más que “apelar a la imaginación” en un mundo que ya no se entiende. 

Y es que en el último capítulo “La tierra” donde ella misma habla de las rejas geográficas que delimitan los idiomas, las rejas de la celda que, como dice Byung-Chul Han, nos separan de los demás en la extranjería, pero también que en esa reja “la escritura en ocasiones está influida por himnos de nostalgia. También es cierto que la determina la necesidad de perpetua la voz propia por miedo a ser olvidada y enterrada entre otras voces que resultan ajenas, no sólo a la lengua, sino a la propia experiencia” (94).

La voz crítica e incisiva de Salum, como se ha visto en su ensayística y columnas editoriales, crea una melodía que nos mece entre el pasado y presente, en una melancolía que añora lo perdido, y en la valentía de ver y cambiar al futuro. Renuncia a la opción de la lástima, por lo contrario, apela a la redención, a encontrar un lugar común en la memoria que dé una fortaleza emocional, crítica, e intelectual para entender de dónde sacar la fuerza posible para caminar junto a miles de migrantes hispanos y a no permitir a que actuemos “como su hubiésemos nacido desmemoriados”. Si es verdad que se lee porque se quiere hablar con alguien más, y al escucharlo reconocer en su obra algo de nosotros mismos, así me sucedió con el libro de Rose Mary Salum, en el que encontré tantos puntos de coincidencia que al final quedé sorprendida de haberme encontrar con una interlocutora tan cercana a mí y a tantas partes de mi propia historia. 

Adriana Pacheco, PhD. (Puebla, 1963) tiene un doctorado en Iberian and Latin American Languages and Culture de la Universidad de Texas, Austin (2015). Es investigadora, promotora de la lectura, del derecho a la educación, a la paz y a la igualdad. Fundadora del Proyecto Escritoras Mexicanas Contemporáneas y del podcast Hablemos Escritoras, ha sido Texas Book Festival featured author.