Episodio 112: Reseñas - Leámoslas - "Ficción experimental y la búsqueda de lo perdido. El mal de la Taiga por Cristina Rivera Garza"
04/27/2020 | Hablemos Escritoras - Adriana Pacheco

Presentamos hoy la reseña del libro El mal de la taiga por la escritora mexicana Cristina Rivera Garza (Matamoros 1964) publicado en Tusquets Editores 2012 y traducida como The Taiga Syndrome por Suzanne Jill Levine y Aviva Kana. Escuchen nuestro podcast y lean nuestra reseña. El libro tiene al final una playlist escúchenla en: https://www.youtube.com/playlist?list=PLqRQC0umNwn9GOC8bYMwR-1Iy5hN2IYGA

 

Recuerdo el miedo; la sensación de miedo otra vez

Si alguien quiere hablar de Cristina Rivera Garza tendrá que hacerlo revisando su extensa producción como novelista, cuentista, poeta, dramaturga, académica, traductora, y pensadora. Considerada una de las voces más importantes no solo de la literatura, sino del pensamiento crítico contemporáneo, esta escritora y académica nacida en la ciudad fronteriza de Matamoros, Tamaulipas en 1964 regresa a la conversación sobre narrativa con la traducción de su libro El mal de la taiga, publicado originalmente en español por Tusquets en el  2012, y ahora con el título The Taiga Syndrome. La traducción es a cargo de Suzanne Jill Levine y Aviva Kana, con el sello editorial Dorothy, y recibe el premio Shirley Jackson.  

Con un doctorado en historia latinoamericana en la Universidad de Houston, Rivera Garza irrumpe la narrativa en 1999 con su primer libro Nadie me verá llorar publicado por Tusquets, una ficción histórica con ya tres reimpresiones y ganador de los premios José Rubén Romero (1997) y del Sor Juana Inés de la Cruz (2001). Un poco después publica La cresta de Ilión (Tusquets, 2002) que gana el prestigiado premio Rómulo Gallegos, con una versión en inglés traducida por Sarah Booker como The Iliac Crest, y cuenta una fascinante historia que lleva la mirada a otra importante escritora mexicana: Amparo Dávila. En 2004 aparece Lo anterior (Tusquets), un libro enigmático y misterioso sobre un hombre encontrado en el desierto. En 2007 es el turno de La muerte me da (Tusquets), que también gana el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, para en el 2011 publicar Verde Shanghai (Tusquets). En poesía tiene varios libros como: El disco de Newton, diez ensayos sobre el color (UNAM, Bonobos, 2011) y Viriditas (Mantis/UANL, 2011). Su nombre es también importante en el campo de la no ficción con tres magníficos volúmenes y grandes aportaciones al estudio de la historia de México, la crítica y el análisis contemporáneo: La Castañeda. Narrativas dolientes desde el Manicomio General, 1910-1930 (Tusquets, 2010), Dolerse. Textos desde un país herido (Sur+, 2011), y Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación (Tusquets, 2013). 

Ahora, con El mal de taiga, un claro ejemplo de ficción experimental en el estilo noir, explora la historia de una detective que tiene encomendado encontrar a la segunda esposa de un hombre. La mujer ha desaparecido en una taiga—término que designa a un bosque de coníferas ubicado entre la tundra y la estepa, de donde es difícil salir, y donde se dice que muchas personas sufren ataques de ansiedad y angustia, buscando incluso emprender “viajes suicidas para salir de ahí”. En El mal de la taiga el personaje perdido deja pequeños rastros tras de sí colocados en casas, albercas vacías, pueblos misteriosos y árboles que por su altura distorsionan la realidad entre juegos de sombra y luz, tales como las migajas de pan de Hansel y Gretel. El libro comienza diciendo “Que habían vivido ahí, me dijeron” mostrando desde un inicio que una de las premisas principales de la historia será la incertidumbre y la duda, que pesan incluso sobre la misma voz narrativa y el ejercicio de la escritura “Nada de lo escrito ocurre tal cual”, dice.

Para resolver el misterio es necesario adentrarse en el bosque alejándose lentamente de la civilización, tal y como Alejo Carpentier lo hace en su famoso libro Los pasos perdidos, donde los cambios de los medios de transporte de aviones a trenes, a transbordadores, a kayaks muestran como la ciudad se va dejando atrás. En Carpentier es la selva, en Rivera Garza es el bosque que se va cerrando a las espaldas de la investigadora dejándola cada vez más separada de lo que le es familiar, deambulando entre casas abandonadas, albercas vacías, y pueblos misteriosos. Hay un guía, un traductor, “El hablante de su lengua que se encargaría de ponerlo todo en mi lengua”, la que la lleva en una especie de descenso dantesco que va del espacio exterior al íntimo y a la revisión de sus propias incertidumbres, que hablan de fracasos, desamor, y conmiseración. La búsqueda en la espesura del bosque se da en un ambiente totalmente sensorial que crea una sensación de asfixia y desasosiego tan característico de la novela noir, con un fascinante manejo de la figura de niños entre salvajes, médium, testigos, y víctimas, así como las referencias a cuentos de brujas y niños perdidos, tan característicos los hermanos Grimm o los Andersen.

En un juego entre presente y pasado, la primera persona y un narrador omnisciente utilizan estrategias como el devenir de la conciencia, la circularidad en la memoria, la superposición de planos entre lo real y lo imaginado, en un continuo ejercicio de desapropiación de la realidad, el tiempo, y el espacio. Rivera Garza utiliza el cuento de Grimm para articular un diálogo con el tema de la hambruna, la violencia infantil y el conflicto de la maternidad, recordando al lector que en las versiones originales de esas aparentes historias inocentes es la madre y no una bruja la que quiere que mueran los niños de hambre. Es también hablar de narraciones milenarias usadas para educar y prevenir sobre el deseo, la seducción, y el sexo, como Rivera Garza lo dice:

"Porque Hansel y Gretel de seguro se habrían planteado lo mismo, alguna vez. ¿Piensan en verdad todas las madres y madrastras y brujas y niñas perdidas, en el sexo? Porque la muchacha de la caperuza roja se lo tendría que haber planteado sin remedios, alguna vez. Porque el leñador o los leñadores. Porque el comercio de los cuerpos; de todos los cuerpos. Porque el lobo que había desmembrado a la abuela y, luego, se había puesto sus ropas, travistiéndose a sí mismo, teniendo que tomar la identidad de una mujer para atraer a otra mujer a su cama, se lo habría planteado, y eso lo podía decir confiadamente, alguna vez". (91)  

La versión en español del libro cuenta con los enigmáticos dibujos de Carlos Maiques repartidos en cada capítulo que, como las famosas y obscuras ilustraciones de los libros de cuentos del siglo XIX, refieren a una tradición folk propia del romanticismo. En la versión en inglés titulada The Taiga Syndrome no se ven estas ilustraciones, pero ambos libros cierran con una sugerencia de un playlist que acompaña la lectura con música desde guitarra clásica, hasta grupos como Total Life Forever, Cyberia, y Room to Expand, que se pueden escuchar en YouTube. https://www.youtube.com/playlist?list=PLqRQC0umNwn9GOC8bYMwR-1Iy5hN2IYGA

Perderse en la taiga de este libro es perderse en el placer que causa la escritura de Rivera Garza. 

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Cristina Rivera Garza · Trad Aviva Kana, Suzanne Jill Levine · Narrativa · Novela · 119pp  · Tusquets Editores · 2012