Episodio 97: Reseñas - Leámoslas - Cuando llega la hora. Leyendo a Karla Zárate

"Yo permanezco en las vísceras de quien las come"

El día de hoy reseñamos el libro de Karla Zárate (CDMX, México 1975), Llegada la hora, publicado por Dharma Books, 2019, con reseña escrita en www.hablemosescritoras.com. por Adriana Pacheco.


¿Cómo un cocinero podría dar luz a los defectos de un sistema legal y penal? ¿De qué manera prepara la última cena de un condenado a muerte puede acercarnos a sus deseos más interiores? ¿Qué es lo que realmente sucede en una prisión enclavada en las zonas remotas y desérticas en los Estados Unidos? ¿La pena de muerte realmente es una solución a la violencia que vive la sociedad? Estas son algunas de las preguntas que Karla Zárate en su libro Llegada la hora(Dharma Books, 2019) nos deja.

Yo conocí la obra de Karla Zárate cuando me recomendaron su libro Rimmel (Suma de letras. Prisa Ediciones, 2013). Leerlo me llevó a una magnífica conversación en nuestro episodio número 12 en Hablemos Escritoras podcast, y me cautivó la premisa de su historia, sus personajes, y la manera cómo problematiza la corporalidad y lo abyecto. Y qué más abyecto que hablar de un chef que prepara el último alimento de los condenados a muerte en una prisión de Texas. De eso trata su nueva novela Llegada la hora publicada por Dharma Books, una historia de misterio y suspenso que nos sumerge en el sistema penitenciario americano, la pena de muerte, la intimidad de los últimos días de los sentenciados, así como la mirada a una sociedad que invita u orilla continuamente al crimen y la violencia.

Nacida en la CDMX el 25 de agosto de 1975, Karla Zárate es licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM, con una maestría en Literatura en UCLA y un doctorado en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana, ha participado en antologías como: Y se hicieron de palabrasy El discreto encanto de narrar: nueve escritoras mexicanas de los 70 .

Llegada la hora es una historia que abre en in media rescon la voz de un narrador que dice “He comprendido que la muerte es el verdadero oficio de los hombres, ya sea alimentando los cuerpos que habrán de morir o envenenado sus borracheras”. Es John Guadalupe Ontuño, jefe de cocina de Polunsky, Texas, de quien sabemos desde el segundo capítulo ha asesinado al alcalde de la prisión. En un estilo de novela de formación, Zárate nos transporta a Edén, un pueblo localizado en el desierto texano, con una población mayoritariamente hispana, “de aburridos lectores de Biblia y amantes de los reality shows”,donde transcurre la infancia de John Guadalupe —quien por cierto insiste en que lo llamen con sus dos nombres, remarcando con ello sus orígenes hispanos—. Ahí crece dentro de una familia hispana, con una madre devota, Elvira Macías, un padre distante y duro con el que tiene una mala relación, Pascual Ontuño, y un sacerdote que lo acompaña en su formación moral en su niñez y funciona a lo largo del libro como una especie de voz de la conciencia, el Padre Alonso. Como infinidad de niños en el mundo actual, John Guadalupe es reclutado en una banda criminal. Karina García Reyes en su artículo “Morir es un alivio: 33 exnarcos explican porqué fracasa la guerra contra las drogas en México” dice que es inevitable que los chicos viviendo en ciertos contextos terminen trabajando y colaborando con estas bandas. En el caso de Llegada la hora son los Reyes Latinos quienes reclutan al joven para iniciarlo en el crimen organizado y las disputas por territorio con otros grupos como los Mara Salvatrucha.

La luz al final de túnel que abre la posibilidad de cambiar un destino que parece ineludible, es volverse cocinero y encontrar una manera de vivir y sobrevivir fuera del crimen e incluso trascender. John Guadalupe dice “Hay quienes habitan en los pensamientos de otros, en los sueños o en las fantasías. Yo permanezco en las vísceras de quien las come” (41). El ingreso como chef de la prisión en donde ejecutan, como en una línea de producción, a los condenados a muerte, nos abre la puerta al mundo distópico de las cárceles.

Sobre el tema, ya la televisión nos ha entrenado bien con sus series como la legendaria Prison Breaky ahora con Orange is the New Blackpara conocer desde dentro al microcosmo, interracial, e intercultural que existe en los centros penitenciarios, junto con las terribles violaciones de los derechos humanos que sufren no solo de los prisioneros, sino también las personas que trabajan ahí. Zarate, hace lo mismo presentando personajes llenos de matices y de las marcas de dicha violencia, como Tiwa, la ayudante nativa americana, quien es víctima de los abusos sexuales del alcalde de la prisión, chief Brown. Junto con ella y otros más vemos desde distintos ángulos la marginación con la que viven grupos nativos e hispanos dentro de su propio país, el continuo abuso y acoso al que las mujeres están expuestas, así como la manera como el crimen organizado maneja las cárceles. Afuera de los muros de la prisión, las protestas en contra de la pena capital —que es aún vigente en 29 estados de los Estados Unidos, uno de los 54 países en el mundo que sigue aplicándola— cuestionan los procedimientos y validez de dicha práctica.

En la literatura mexicana el tema del sistema carcelario y los presos no está ausente, con obras como el famoso libro El apando (1969) de José Revueltas o Se está haciendo tarde (1973) de José Agustín. Lo que sí estaba, hasta antes de Llegada la hora, era una escritora acercándonos mediante la comida al lado humano de los condenados, sus características raciales y étnicas, sus motivos para matar por furia, fanatismo religioso, locura, ambición, con un bat de béisbol, ahorcando con un cable, o apuñalando. Así lo vemos en las fichas en el inicio de los capítulos, en donde se puede ver cuáles son los motivos de la sentencia y cuál es su último deseo para cenar en su última noche. También nos lleva a los recientes debates sobre el lado inhumano de la pena de muerte, que utiliza medios que hacen sufrir en vez de matar, y que poco a nada han ayudado a frenar la violencia y el crimen.

Y es desde ahí que Zárate nos dice que “somos lo que comemos”, pero hablar en la última cena, referencia casi bíblica, es par algunos de los condenados pensar en ese lugar de la infancia en donde se sentían seguros y protegidos en “una chuleta de cerdo con puré de manzana, agua mineral y una copa de helado de pistache” (139). Para John Guadalupe, en cambio, es una mujer convertida en objeto de deseo, construido en pedazos, cosíficada, con “trasero de Selene, los labios de Angelina Jolie, que no hable mucho como Tiwa […]” (155).

Interesante también la referencia a los estudios que investigadores y terapeutas realizan en las cárceles, para preguntar en dónde está el origen del comportamiento violento, o como en la pregunta que la doctora Rosemarie Baier le hace al personal carcelario: “¿La sociedad es la que pervierte al hombre?” Enseñarle una pedagogía de la violencia, definir las diferencias entre crimen y delito, o asesinato y homicidio, concluir que “El ser humano, tiene una bondad original que luego se ve pervertida por diversas causas sociales, culturales…” (166), hablar de la “pulsión de la muerte”. Es la doctora Baier muestra de una desvinculación entre la teoría y la realidad de una vida en la que quienes atienden a los presos tienen sortear cada día para ellos mismos sobrevivir.

En la obra hay una continuidad constante entre el dentro y el afuera. Adentro, la cocina, los pasillos, las celdas, la cámara de ejecución con el lecho de muere, las sábanas blancas, “los cinturones listos para atar al condenado” (176); fuera, el calor del desierto, el pueblo casi muerto, los cuartos en donde John Guadalupe se reúne con su amante. Todo se suma para crean un ambiente de desolación, en donde no pasa el aire fresco para respirar, ambiente de “apando” donde no hay más que matar o morir y “cuando matas a alguien te conviertes en lo que en verdad eres” (213).

Y así, la cadencia de la narración nos lleva paso a paso a donde se han de saber los detalles del misterio que desde el inicio de la obra se anuncia, a ese mundo liminal de las minorías que siguen sin encontrar un lugar adecuado en los Estados Unidos, en la contradicción del sistema penitenciario, en la pena de muerte, y en el crimen organizado permeándose en todos los rincones de la sociedad.

Y en la originalidad del libro nos lleva a una serie de menús, que han de ser la última cena de estos condenados. Bueno, pues ha llegado la hora de acercarse de nuevo a la obra de Karla Zárate, bien por ella y por Dharma Books.


Llegada la hora
Karla Zárate
Dharma Books
214pp