Elaine Vilar Madruga publica su primer poemario en España en el que la historia de su familia fragua entre las páginas, con una violencia que marca tanto la tierra como la carne, al tiempo que caen los pétalos rosas del árbol de Sakura. La familia, la sagrada concepción de nuestra genealogía, es reconstruida porla autora a partir de un yo poético que sufre, que viaja desde lo antiguo hasta el ahora, que se muestra presente, enraizada a la tierra, y al mismo tiempo omnipresente,incluso cuando la voz que se dice yo soy todavía no termina de ser, al menos no por completo. Sakura es la historia de una mujer a la que acuden todos los insectos, como estos acuden a la muerte, a lo sucio o al calor. Es un poemario repleto de historia y de historias que se presentan como un génesis, como un nudo gordiano que hay que deshacer. Érase una mujer que de tristeza se comió un árbol. Primero arrancó con las uñas los pedacitos de corteza. Y sangró. Los dedos se abrían como charcas salvajes. La mujer comía corteza y sorbía sangre y brindaba su cuerpo a los mundos antiguos que habitaban aquel árbol. Masticaba raíces, lamía la savia, desmenuzaba la carne suave de las flores rosas. Con ellas preparó una pasta de pétalos. La untó en su piel. Los poros absorbieron. La mujer árbol hundió su corazón en la tierra y de él crecieron hilos rojos. Magma de telaraña púrpura la sujetaba al suelo. Entonces cantó. La voz era un rugido, un espasmo, una fuerza descomunal. Y, por eso mismo, el sonido exacto de la fragilidad y la conmoción.